El bloqueo en el Mediterráneo no acaba en el Open Arms: «La situación en el Ocean Viking se complica cada vez más»

Mientras la Fiscalía italiana ordena el desembarco del Open Arms tras 19 días de bloqueo, el nuevo barco de rescate de MSF y Sos Méditerranée cumple ocho días a la espera de instrucciones para desembarcar a más de 300 personas

«La gente nos pregunta todo el rato: «¿Cuándo nos vamos?», «¿cuándo nos van a dejar bajar del barco?», explica una portavoz de MSF a eldiario.es

Uno de los menores a bordo sobrevivió al centro de detención libio atacado en julio: «Murió mucha gente, yo logré escapar, corrí descalzo por las llamas»

Mientras continuaba a la espera de instrucciones en aguas internacionales al norte de Malta, la tripulación del Ocean Viking observaba con preocupación la situación límite a la que se ha llegado en el Open Arms, a 60 millas de allí en línea recta. Durante la mañana de este martes, varios rescatados se han tirado por la borda para llegar a la porción de tierra, la isla italiana de Lampedusa, que llevaban viendo durante días desde el barco de la ONG catalana. Llevaban casi tres semanas sin un puerto en el que desembarcar.

«La información que nos ha llegado desde el Open Arms es extremadamente inquietante. Es muy preocupante las potenciales consecuencias físicas y psicológicas de un estancamiento de estas características», asegura Hannah Wallace, responsable de comunicación de Médicos Sin Fronteras a bordo del Ocean Viking a eldiario.es. Este martes, después de que el Gobierno de Pedro Sánchez anunciara el envío de un buque de la Armada para «acompañar» al Open Arms a España, la Fiscalía de Agrigento ordenó el desembarco de los migrantes que permanecían a bordo y la incautación provisional de la nave. A medianoche, los supervivientes comenzaron a descender al puerto de Lampedusa. 

En el Ocean Viking, los 356 rescatados no divisan aún la tierra en el horizonte, pero el bloqueo es el mismo. Hace ocho días que la tripulación envió el primer correo electrónico a los centros de coordinación de rescates de Malta a Italia para solicitar un puerto seguro en el que a desembarcar. «Esperamos encontrar una solución rápida lo antes posible», insistían dos días después desde el nuevo barco fletado por MSF y Sos Méditerranée.

La contestación replicaba el guion que se repite desde hace algo más de un año, cuando recibieron el primer portazo con el buque Aquarius: las autoridades maltesas se negaban, argumentando que el rescate se produjo en aguas que no son de su competencia, y las autoridades italianas daban la callada por respuesta. Solo Libia ofreció Trípoli como destino, algo que las organizaciones rechazaron de inmediato.

Las indicaciones para atracar en un lugar seguro siguen sin llegar mientras la nave permanece surcando aguas internacionales. De momento, no barajan otra opción que no pase por que las autoridades de alguno de los dos países asuman la coordinación del desembarco. 

Algunos de los supervivientes a bordo del Ocean Viking acumulan 11 días sin tocar tierra firme. Fueron los primeros rescatados el pasado 9 de agosto. Estaban deshidratados, llevaban dos días sin agua potable bajo el sol y el calor del verano. Había 25 menores. Al día siguiente, localizaron otro bote en peligro. Esta vez, se sentían mucho más débiles, con dificultad para caminar o mantener el equilibro, algunos casi se desmayan, según explica el equipo médico de MSF. El primer grupo se sentó a su lado y les ayudó a beber para recomponerse. En los días posteriores, el buque socorrió otras dos embarcaciones precarias más con 81 y 105 personas. Todas fueron localizadas en aguas internacionales.

En medio de la inmensidad del Mediterráneo, Omar, de 17 años, vio cómo un hombre trató de saltar por la borda por la desesperación. Cuando fueron localizados, llevaban cuatro días en el mar sin comida ni agua. «Tuvimos que ayudarle a subir de nuevo a la balsa. Teníamos tanto miedo que solo pensábamos en la muerte: creíamos que íbamos a morir», recuerda el adolescente en un testimonio recopilado por la ONG humanitaria. «El fondo del bote se rompió el día que salimos de Libia. Nadie dormía porque teníamos que sacar agua con una lata de combustible vacía», asegura uno de los 103 menores que se encuentran a bordo de la nave.

La situación, de momento, se mantiene estable. La nave acondicionada para reemplazar al Aquarius, recalcan, está preparada para realizar operaciones de búsqueda y rescate y atender a los supervivientes. Sin embargo, insisten en que el estancamiento no puede prolongarse durante mucho más tiempo. 

«Las condiciones se están volviendo cada vez más complicadas. Todavía no se nos ha asignado un puerto seguro, así que estamos gestionando la situación lo mejor que podemos. Estamos repartiendo agua y kits de emergencia», explica a eldiario.es Wallace. «Los recursos son limitados, tenemos a 356 personas en 69 metros de eslora. Son instalaciones pensadas para una emergencia, no están diseñadas para un periodo largo de tiempo».

El cansancio y la incertidumbre empiezan a pesar. Cada día, la tripulación escucha las mismas preguntas. «La gente nos pregunta todo el rato: «¿Cuándo nos vamos?», «¿cuándo nos van a dejar bajar del barco?», «¿Adónde vamos?». Les repetimos que estamos juntos en esto, que estamos trabajando duro para lograr una solución. Tenemos que ser pacientes. Pero es difícil que la gente se mantenga al margen. Están rodeados de agua, no pueden divisar la tierra desde aquí. No entienden por qué tienen que pasar por esto», describe Wallace.

«Nosotros tratamos de ser honestos y tan transparentes como podemos sobre el contexto y las raíces de la situación, pero lo que no queremos es hacerles sentir de nuevo que no son respetados, que no son bienvenidos, que no están a salvo. Este es un momento de incertidumbre para ellos», prosigue. Mientras, los países comunitarios siguen sin llegar a un acuerdo para crear un mecanismo de desembarco predecible que permita evitar situaciones de estancamiento cuando se produce una operación de rescate en el Mediterráneo, como han pedido numerosas organizaciones, entre ellas MSF.

La tripulación trata de hacer más llevadero el día a día. «Impartimos clases de inglés o francés, actividades artísticas, un chico de Sudán que era peluquero corta el pelo a la gente… son distracciones para personas que no han tenido la oportunidad de ser tratadas como individuos, pero es una solución temporal para sobrellevar esta situación incómoda e insostenible», asevera la portavoz de MSF.

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