LA CASA DE LA SOLIDARIDAD CERRARÁ SUS PUERTAS EL PRÓXIMO 31 DE NERO. LA FALTA DE APOYO ECONÓMICO DEL GOBIERNO DE CANTABRIA ES LA CAUSA FUNDAMENTAL DE SU CLAUSURA.

La falta de voluntad política del Gobierno de Cantabria en relación a la cooperación para el desarrollo, se materializa, una vez más, en la decisión, sin previo aviso, de no incluir en los presupuestos de Cantabria de 2013 el convenio de colaboración con la Coordinadora Cántabra de ONG para el Desarrollo, imprescindible para su funcionamiento.

Desde sus comienzos, la Casa de la Solidad ha ofrecido un servicio a los ciudadanos y organizaciones del sector social, altamente valorado. Lugar de referencia  para toda aquella persona o institución que se mueve en el ámbito de la solidaridad, en su recorrido ha dado cobertura al trabajo de las organizaciones ciudadanas, brindando apoyos y servicios de máxima importancia, tales como asesoría técnica, oficina de información ciudadana sobre cooperación para el desarrollo y voluntariado, espacio de trabajo para las asociaciones, formación, actividades de sensibilización y educación para el desarrollo en los centros educativos a través de Aula Pedagógica, entre otros, que rubrican una trayectoria que ha hecho de la Casa de la Solidaridad un lugar de todos/as.

La Casa de la Solidad es una victima más de la miopía y el cortoplacismo de unas decisiones que solo entienden de rentabilidad económica, y aplican una política de tierra quemada con los más débiles, mientras se muestra la más servil de las actitudes con los poderosos, como la ciudadanía tiene ya meridianamente claro.

Nuestros gobernantes son plenamente conscientes de que con la desaparición de la Casa de la Solidaridad, se asfixia un poco más al tejido asociativo de Cantabria. Y es probable ésta una de las razones que hayan animado a tomar tal decisión. Los ciudadanos organizados representan un obstáculo para la implantación de las políticas antisociales. Debilitando el tejido asociativo se pretenden apagar las voces molestas.

Es evidente. Solo se admiten cerradas ovaciones. Después, silencio. Cualquier palabra libre será considera enemiga.

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