“LA DESNUTRICIÓN DE LOS REFUGIADOS MALIENSES EN M´BERA (MAURITANIA) SUPERA LOS NIVELES DE EMERGENCIA”

Más de 74.000 malienses han cruzado el último año la frontera con Mauritania (según los datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR) y se alojan hoy en el campo de M´bera, en el este del país. Hoy siguen llegando personas, a veces 400 al día. “Llegan completamente desorientados, muchos no dejan de llorar”, describe desde el campo de refugiados Omar Harouna, responsable de base de Acción contra el Hambre. Las historias que cuentan tienen el miedo y la huida como denominadores comunes: “el miedo a los salafistas nos empujó a huir, abandonando a nuestro animales, 50 camellos y 20 cabras. No sé si los podremos volver a ver”, cuenta Fatma Mint Jidou (20 años) mientra sostiene a su bebé, con el vientre hinchado por la desnutrición, en brazos. Estas familias no toman leche y carne desde hace meses, unos alimentos básicos en la dieta de los pastores nómadas en el norte de Malí. “Es crucial proteger la lactancia materna, ya que un destete brusco puede empujar a los niños menores de dos años a la desnutrición aguda en muy poco tiempo”, explica la nutricionista del Equipo de Emergencias, Montse Escruela, que acaba de llegar de la zona.

Muchos malienses han llegado con sus animales y esto está aumentando la presión sobre los pocos pastos disponibles. Muy pronto podrían surgir tensiones entre las dos poblaciones, con lo que tendremos que apoyar también a la población de acogida, cuya solidaridad no es infinita.

Aunque, los refugiados “desearían regresar cuanto antes a sus hogares” se prevé que el retorno podría demorarse aún meses, incluso años, hasta que la región del norte de Malí se estabilice. Hay que recordar que todo esto se está produciendo en una región con los niveles de pobreza más altos del mundo y que ya sufrió una grave crisis alimentaria y nutricional en 2012, de la que la población aún no ha podido recuperarse.

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