Hacia una cooperación española diversa y enraizada en la sociedad

Si se quiere refundar esta política, para que sea más moderna y capaz de hacer frente a la pobreza y la desigualdad, es imprescindible que se reconozca a todos los actores

Pastora Martínez, Andrés R. Amayuelas, Sonia Rodríguez

En un ecosistema, los distintos organismos vivos que lo componen interactúan entre ellos y, además, con el medio físico en el que se encuentran. Podemos encontrar organismos individuales, grupos de organismos de la misma especie, interacciones entre dos especies, interacciones entre grupos más numerosos de especies.

Como si de un ecosistema se tratase, en la cooperación al desarrollo española encontramos distintos actores y niveles que la configuran y le dotan de vida. Uno de esos niveles es la cooperación descentralizada: la que se realiza desde las entidades locales y las comunidades autónomas. Una propuesta que se constituye en el rasgo diferenciador de la cooperación española y que hunde sus raíces en el tejido social de ciudades y pueblos.

Gracias a todos estos actores se ha conseguido la sensibilización ciudadana necesaria para animarnos a seguir trabajando en la cooperación al desarrollo. Además, esta diversidad y pluralidad ha sido reconocida por la comunidad internacional porque gracias a ella se han consolidado numerosas interacciones con otros ecosistemas de cooperación, a diferentes niveles y con actores muy diversos. Sin embargo, muchas veces nos surge la duda de si se está aprovechando o no la potencialidad de este valor diferencial.

Tradicionalmente, siguiendo con la metáfora del ecosistema, hemos considerado organismos de la cooperación descentralizada a las administraciones locales —ayuntamientos, diputaciones y cabildos— y a las comunidades autónomas, y a las organizaciones de desarrollo. Con una mirada más amplia entendemos que hay que tener en cuenta a las universidades. Sumamos también a organizaciones de segundo nivel como pueden ser los fondos de cooperación, las coordinadoras de ONGD, el Observatorio de Cooperación Universitaria al Desarrollo y la FEMP.

Hay que encontrar una manera diferente de trabajar todos juntos como nos plantea la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU

Asistimos a un debate sobre las reformas necesarias para que el sistema de cooperación sea más eficaz y responda a los retos globales. En el caso de la cooperación descentralizada, el reto está en avanzar en la articulación multiactor y multinivel. Hay que superar los discursos de la complementariedad —cada actor y cada nivel tiene unas tareas determinadas que se complementan— y de la coordinación —un organismo superior que diseña las políticas y que coordina a quienes tienen que desarrollarlas.

Partiendo del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, habría que empezar a hablar de la importancia de la aportación de cada actor al ecosistema y, de manera paralela, imaginar nuevos espacios en los que avanzar en la articulación. En definitiva, encontrar una manera diferente de trabajar todos juntos como nos plantea la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Hasta ahora el esfuerzo realizado por la Administración General del Estado por conectarse con los niveles subestatales ha quedado reducido a las escasas convocatorias de la Comisión Interterritorial y la Conferencia Sectorial. Por su parte, las comunidades autónomas han mantenido sus encuentros anuales que han servido más para intercambiar ideas y compartir acciones innovadoras que para avanzar hacia una agenda compartida y acciones coordinadas.

Durante la última década el resto de los actores de la cooperación descentralizada ha tenido que encajar el golpe de la crisis y los recortes. Se han repensado tanto en sus estructuras como en sus posicionamientos y en su visión del trabajo en red. No son pocas las trabas que tienen que enfrentar, empezando por la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, la Ley de Subvenciones o la heterogeneidad de los criterios y procedimientos por parte de las diversas cooperaciones autonómicas y locales. Por si fueran pocos estos obstáculos legales, han de lidiar con el manido e insolidario discurso de «primero los de aquí» que ahora se disfraza con el «devolvamos esta competencia al Estado».

Si se quiere refundar la cooperación española para que sea más moderna y capaz de hacer frente a la pobreza, la desigualdad y a la insostenibilidad, es imprescindible que se reconozca la cooperación descentralizada como un elemento estructural que canaliza el torrente solidario de la ciudadanía de nuestro país con la sociedad civil de los países con los que colaboramos. Así este ecosistema no solo seguirá ganando en riqueza sino en organismos que lo constituyen.

Pastora Martínez Samper es vicerrectora de Globalización y Cooperación de la UOC. Andrés Rodríguez Amayuelas es presidente de la Coordinadora de ONGD de España. Sonia Rodríguez Cobos es concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Burgos.

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